Con sabor añejo, la Posada del Lucero recupera en Sevilla la esencia de las antiguas alhóndigas, que daban cobijo a los viajantes que llegaban hasta la capital de Andalucía, atraídos por el fluido negocio que con las Indias traía el Guadalquivir durante el siglo XVI.
Edificación BIC (Bien de Interés Cultural), la última posada de la capital emprende un nuevo viaje en su larga andadura.
Declarada Monumento Histórico con carácter Nacional, con catalogación A (idéntica a la que posee La Giralda pero en obra civil), esta posada data del Siglo XVI y ha sido restaurada siguiendo los cánones originales de su estructura y morfología, como demuestra que “se haya conservado sus patios columnados y su aspecto físico”.
Situado en la calle Almirante Apodaca, 7, el Hotel Posada del Lucero nos da la bienvenida, a través de su vestíbulo, decorado con azulejos del siglo XVI, a siglos de historia encerrados entre los muros y pasadizos de este palacete, cuya arquitectura mezcla el gusto popular y palaciego. Ésta llega hasta nuestros días conservando la idiosincrasia de esas alhóndigas hispalenses que servían de cobijo a todos aquellos que se contribuyeron a forjar la esencia pura, y sin aditamentos, de la Sevilla de hoy en día.
Compuesta por treinta y nueve habitaciones dobles y de ellas 1 suite junior, abierta a un patio central, con columnas forjadas y viguería de madera, que rescata la quintaesencia de antaño, este establecimiento también cuenta con otros dos espacios, de similares características y menor tamaño, construidos a partir de un antiguo establo y presenta la peculiaridad de estar realizado en maderas nobles, así como un tercer patio perteneciente a un antiguo convento que ha sido anexionado al recinto hotelero.
En la última planta posee además un solarium para ocio y recreo de los clientes.
Está integrado en cadena con el Hotel Fernando III y Hotel Rey Alfonso X.